Fotografía y texto de Conchita Roa

 

 

Hay castellariegos que llevan 30 años acudiendo a la misma reja para ver el encierro. Constancia muy notable si se tiene en cuenta que la reja no pertenece a su hogar. Este castellariego madruga y como casi todos los días del año baja a su huerta, riega o recoge el hortal, según corresponda, guarda sus aperos y vuelve a su casa a desayunar y antes de las 10 de la mañana, antes de que este el cajón puesto, ya esta colocado en la misma reja que en los últimos treinta años, para subirse a ella en caso necesario.

Tiene suerte de que a esa reja no se asome nadie y de que este bien orientada. A la hora del encierro, las 10 en adelante de la mañana, el sol da en la acera de enfrente. Unas veces el toro sale como una exhalación y se pierde en un instante en lo alto de la calle San Benito. Otras veces el toro remolonea, se vuelve y entonces el castellariego constante tiene que subirse a la reja.

Los dueños deberían poner una placa: "En esta reja se subió, durante más de treinta años un verdadero amante de los encierros".Claro que lo raro debe ser encontrar a algún castellariego que no lo sea.

 

 

 
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