|
|
||||||||||||||
|
||||||||||||||
|
|
||||||||||||||
|
La exaltación religiosa que sucedía a la liberación da las pueblos por los cristianos, era la expresión natural contra la opresión mantenida durante varios siglos por los invasores de distinta raza y credo que los oprimidos. Las necesidades de los pueblos eran muy limitadas y antes de atender a las de carácter cívico comunal se resolvían las religiosas, reparando y reconstruyendo sus templos o edificándolos de nueva planta; pero corno las arcas del Estada estaban exhaustas, como consecuencia de los enormes gastos que ocasionaba la prolongada reconquista se reformaba o utilizaba en muchos casos alguna edificación que a poco a poco pudiera convertirse en templo dedicado al culto divino. En El Castellar se dio uno de estos casos: La torre árabe de la fortificación descrita, fue despojada de sus almenas, sus muros se elevaron cinco metros sobre su anterior altura para dejar en ellos ventanales que habían de alojar las campanas, que serían en lo sucesivo pregoneras transmisoras por medio de sus rígidas lenguas, de duelos o alegrías del vecindario. El
patio contiguo se dividió a 1o largo en tres partes por medio de dos
series de arcos
ojivales apoyados sobra columnas de fuste octagonal, matados con capiteles
en los que se emplearon distintos elementos decorativos en cada uno de
ellos. Este conjunto fue cubierto con un tejado que se apoyó
sobre las paredes que formaban el patio y sobre los arcos. Con tan escaso coste se consiguió transformar a fines del siglo XIII una vieja construcción militar árabe, en una iglesia cristiana. Tres siglos después El Castellar contaba con 2.500 habitantes aproximadamente y los 450 metros cuadrados de superficie que tenía el templo eran insuficientes para contener a los fieles que a él concurrían y hubo que ampliarlo, agregándole hacia el saliente un nuevo 1oca1 de unos 180metros cuadrados a modo de crucero; pero fue tan desproporcionada esta obra con relación a la que entonces había, que elevó sobre ella unos 10 metros, por término medio, y aún superó la altura de la torre en más de 3 metros, produciendo una desagradable perspectiva. El
muro divisor de ambos locales fue sustituido por tres grandes arcos que
los ponían en comunicación, y sobra ellos se construyó una pared ciega
de unos 12 metros de altura, cuya enorme carga debía producir
desperfectos que enseguida se vieron; se agrietaron los muros presentando
grandes fisuras de arriba a abajo, y perdieron su dirección vertical. No
se ha hecho ningún estudio de estabilidad y resistencia del conjunto de
los arcos mencionados y del muro que sostienen; pero es de suponer, que
falsearan los cimientos por excesiva presión, aunque las pilastras y
los estribos que soportan los arcos tienen gran superficie de apoyo. Cualquiera
que examine el techo del crucero, aunque no sea profesional de la
construcción, observará que la gran bóveda elíptica que existe por
debajo del tejado, está desprendida del muro del Oeste, lo que demuestra
que esta pared se ha inclinado hacia afuera, ya que la bóveda sigue
apoyada sobre los otros tres muros, y para evitar el aumento de estos
desperfectos, se construyeron, no sabemos cuando, sobre las fachadas del
antiguo edificio, dos muros a modo de contrafuertes, con más
de cinco metros de altura;
pero por entre esos dos sostenes, el tiempo continuó su acción
demoledora y los grandes
temporales del año 1926 produjeron el derrumbamiento de
varios metros cúbicos de pared sobre el tejado de la nave lateral
del sur, rompiendo al caer dos grandes vigas y la techumbre que
soportaban. La
reparación urgentísima no podía aplazarse y cl Ayuntamiento sufragó
los gastos que se ocasionaron, sin pedir ni esperar el auxilio del Estado,
que podía llegar cuando ya se hubiese producido el total derrumbamiento
de aquella parte del edificio. Con aquel motivo se revisó la cubierta que
tiene un, difícil acceso pore1 exterior
y pudo comprobarse que la viga da madera de gran sección que apoyaba uno
de sus extremos en el ángulo suroeste estaba desprendida del mismo,
habiendo sido preciso apoyarla sobre otra que se atravesó encima de los
muros de dicho ángulo. El resto de esa misma cubierta está en iguales
condiciones de inseguridad. No
habrá quizá en la provincia de Jaén ningún edificio que acumule tatos
valores como los que adornan el templo parroquial de El Castellar cuyo
grupo de edificaciones simboliza un largo período de la Historia Patria;
su torre árabe es el símbolo de la fuerza del invasor que domina y
oprime al vencido; sus naves ojivales representan la fuerza de la fe, que
se alza arrolladora y expulsa a los opresores de sus más fuertes
reductos. La
puerta principal de estilo dórico romano, construida a la vez que el
crucero al finalizar al siglo XVI, es un bello ejemplo de la introducción
en España de las formas clásicas antiguas de la composición
arquitectónica de aquella época, de gran esplendor artístico.
|
||||||||||||||
|
|
||||||||||||||
|
Podría
ampliarse los datos demostrativos de que este edificio debe considerarse,
por lo menos,
como monumento provincial, por sus valores históricos, por su
antigüedad, que alcanza tiempos tan remotos como otros qué están
considerados por su vejez dignos de ser conservados y porque de él se
deriva el nombre de este pueblo de la provincia. Para
los que aquí vivimos tiene un valor mucho más elevado, allí recibieron
los Sacramentos nuestras generaciones sucesivas de ascendientes de siete
siglos, allí ofrecieron sus oraciones a Nuestro Señor, allí se
reunieron en horas da adversidad, en rogativas a Dios para que remediara
sus males y en días venturosos ata acción de gracias por los dones
recibidos y debajo de su pavimento y de la tierra de su contiguo huerto,
que fue Campo Santo, los cuerpos convertidos en polvo de millares de
aquellos fieles, esperan que llegue el último día para levantarse a
gozar la vida eterna prometida. Además
de estos valores históricos y espirituales, tiene el edificio otro
material que no es despreciable, y si se aplaza la reparación y la
reforma, que debe hacerse protesto, es muy probable que en cualquier
invierno de abundantes lluvias, se derrumben, el tejado del crucero y la
totalidad de su muro del
Oeste, en el que su caída además de destrozar la
techumbre de su antiguo templo, podría hundir la arquería ojival,
que se conserva actualmente en
perfecto estado y representa una de las construcciones más puras
de ese estilo en el siglo XIII; las pérdidas serían cuantiosas. Durante
los últimos diez años, todos los edificios parroquiales de esta
Diócesis de Jaén, han sido reparados o reconstruidos, según sus
necesidades, menos el de Castellar, a pesar de que hace ocho años se
cerró al culto como consecuencia de su estado ruinoso y desde entonces
todos los actos y ceremonias religiosas se celebran en una capilla de
fundación particular, que tiene una superficie de 350 metros cuadrados,
en los que están incluirlos la extensión que ocupa al coro, y como el
censo de población es de unos 7500 habitantes, resulta que para cada 22,
de ellos, corresponde un metro cuadrado de extensión en su iglesia Es muy
lamentable que de los doce millones de pesetas que se han invertido en
la diócesis para esta clases de obras, no haya correspondido ninguna
cantidad para la reparación de este Templo, aunque dudamos que todos los
de la provincia estuvieran en peores condiciones de seguridad que el
nuestro y más deficientemente sustituidos. No es nuestro propósito culpar a nadie de la lenta tramitación del expediente del año 1943 para la ejecución de las obras de que venimos ocupándonos y como dicho documento es ya el único de esta clase que queda sin resolver en la provincia, tenemos la esperanza de que a lo más en el año venidero, veremos el comienzo da las obras que tantos quebrantos pueden evitar. Juan de Dios González Carral Octubre de 1950
|
||||||||||||||
|
|