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Nuevas poesías de Baldomero Patón, dedicadas a Nuestro Padre Jesús Nazareno. En el número de julio se asomaba a Actualidades, por vez primera, la poesía de Baldomero dedicada a la Virgen. La de este mes de septiembre esta dedicada a una devoción muy enraizada en Castellar. Recordemos que la cofradía de su nombre cumplía en 1998, 350 + x años. Lo de 350 son los años de su documento más antiguo (14 de abril de1648, Archivo Histórico Provincial de Jaén; según María del Carmen Ropa,1991), no de existencia de la cofradía, de ahí la x de valor desconocido. En Actualidades, en septiembre de 1998, nos ocupamos ampliamente de la gran exposición del aniversario.
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Padrenuestro
Nazareno. 1985
Padre Nuestro, Nazareno que siempre estás en el Cielo y, esta noche, junto a mí, bajo el peso de la Cruz y el brillo de los luceros. Santificado sea tu nombre, siempre, Jesús Nazareno, y, con tu paz y perdón, llegue a nosotros tu Reino. Hágase, por todo tiempo, en la Tierra y en el Cielo, tu Divina Voluntad, Jesús Sufriente y Sereno. Perdona, Señor a todos; haz que todos perdonemos. Ampara a los penitentes, mira a Tus pies a Tu pueblo que, a pesar de sus pecados, a Ti sigue recurriendo. Y que no nos falte el pan, el trabajo y el ejemplo. Y agua, Señor, que es vida, y el campo se está muriendo. Líbranos de todo mal, Padre Jesús Nazareno. Aleja la tentación de estos tus humildes siervos que, en "madrugá", cada año, siguen tus huellas sangrantes y lloran con tu recuerdo. Y quieren salvar sus almas para, al final de los tiempos, presentarse ante el Creador y escuchar que el Padre Eterno, con mirada bondadosa, uno a uno, va diciendo: "Tú
sí seguiste a Jesús: ¡con Él fuiste NAZARENO!"
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Te
eché en falta, Señor.
1993 Bajé a buscarte, Señor, y Tú no estabas. Un cartel me dijo que habías ido a... no sé donde, algo así como... a ponerte en reparación. Porque, Señor, tu tiempo no pasa en balde, para todos: para la madera de tu cuerpo; para los nuestros, mortales, para nuestras almas... Tú no tienes tiempo, Nazareno. Tú eres el tiempo. Mi tiempo y el de todos. El que necesitaremos cuando se acabe nuestro tiempo en la hora final. Se va acabando, Jesús, el tiempo en muchos lugares. Es lo que iba a decirte cuando no encontré tu Imagen. Se agotan, duras, las horas con un rigor implacable para quien vela a los hijos que ha visto morir de hambre. Para el que, desarraigado de ilusión ni amor de nadie, duerme abrazando el fusil que al hermano ha de apuntarle. No hallé Cristo ni claveles: tan sólo el viejo estandarte. Pero estabas, Nazareno, porque Tú jamás faltaste. Que cumpliste como Hombre, en el Gólgota, ante el Padre... ¡Y eras Dios! Y, por nosotros, ni se te ocurrió salvarte. Se hizo el alma indagadora y el corazón, aún más grande, te encontraron en Somalia de esqueletos resollantes, mirada apagada y triste y manitas implorantes. Aterido en Yugoslavia, -silban balas de desastre- entre los niños llorosos y la aflicción de sus madres. Con la túnica morada, entre pobres caminante, prisionero entre pistolas, abandonado quedaste junto a olvidados y tristes, del paredón por delante. Por tantos y tantos sitios, por recónditos lugares donde ya murió el amor y la paz herida yace: coro siniestro de bombas perverso cántico esparce. Bajo el peso de la Cruz, tus lesos pies vacilantes, en las trochas de este mundo, dejaron huellas de sangre... ¿Quién te sigue? Pues... no sé. Buenas gentes, almas grandes, pero pocas, Jesús mío, que es tarea terrible y grave. Quedamos aquí los otros, acongojados, cobardes, callando remordimientos con limosnas miserables y con un ¿Qué puedo hacer? no sentirnos responsables del sufrimiento lejano, para seguir... como antes. No estabas allí, Jesús, ¡Qué solico me dejaste! Pero yo ya sé, Señor, en donde habré de buscarte aunque otro día, tras la reja
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El
viejo nazareno.
1.991 Probablemente,
algo parecido a esto haya sido el último pensamiento de muchos,
viendo nuestra Imagen en la calle y antes de sentir a Jesús de otra
manera, una vez traspasado el umbral de la eternidad. Espero que así siga siendo y que Nuestro Padre Jesús nos dé tiempo a todos a evocar estos sentimientos en el momento de la muerte. Pero, sobre todo, que nos deje ese tiempo para arrepentirnos de nuestros pecados. Por favor, señala un alto, baja el trono, costalero, ahí mismo, junto al balcón desde el que, triste, contemplo, con llanto en mi corazón, el paso del Nazareno. Porque, hace ya largo rato, los tambores sacudieron las sombras en esta noche, arrancándome del lecho, ansioso de ver su paso, casi de sentir su aliento. Ya que la edad y los achaques me dan muy duro tormento, y seguir en esta vida ya, ni puedo, ni deseo. Y sólo calma mis penas y aplaca mis sufrimientos ver su paso esta mañana: mirar a mi Nazareno. Y recordar años mozos -que de esto ha pasado tiempo- o, más aún, mucho antes, que fui niño cofradiero. Pasaron después los años: niño, mozo, adulto y viejo, caminaba tras de Ti en Madrugada y Entierro. Y no dejé de ir contigo, no deserté, Nazareno, que si yo ya no lo hago por achacoso y por viejo... En tus filas, de morado, caminan hijos y nietos que salieron de mi sangre hombres devotos y rectos, con la forja de cofrades que incúlqueles desde tiernos. ¡Y llevan puesta la túnica que otra vez fue mi contento y vestí con sano orgullo, igual que ahora hacen ellos! Pero ya llega el final: ya lo noto, Nazareno, que te voy a ver muy pronto, Señor mío, lo presiento. Y no habrá que madrugar, ni estará el balcón por medio, que, ayudado por tu Madre, y, aunque yo no lo merezco, gracias a tu misericordia y al Perdón del Padre Eterno... ¡El Viernes Santo, otro año, lo veré ya desde el Cielo! Y a aquellos que me despidan desde este mundo terreno, se lo advertí mucho en vida y hasta el último momento: Que cuando ¡ay! mi vieja máquina falle en el parón postrero... ¡me amortajen con la túnica, como mi último deseo! Y, detrás de mi estandarte, como con otros lo hicieron, me lleven por el camino del que jamás nadie ha vuelto. Que escriban sobre mi tumba, no un ripio manido y zafio, sino algo de Juan Ramón o este pequeño epitafio: Quien yace en este
lugar quiso ser humilde y
bueno, hijo fiel de
nuestra Virgen, y siempre amó al
Nazareno. Reza por él, buen
cofrade. Pide su descanso eterno.
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